martes, agosto 10, 2010

El otro lado de la lejanía.


Toda la vida soñando con ser testigo presencial de algún acto trascendente, un frio morbo me excitó toda vez que el hielo del miedo recorrió mi cuerpo, algún helicóptero pasó volando bajo, alguna sirena anti-aérea lejana, el rugir de explosiones que hacía eco en las noches tras los cerros que aún nos mantenían lejos de la guerra. Pero basta con echar el odio al aire para que este se esparza como esporas, y he aquí que a pesar de estar siempre alerta para presenciar alguna estampa de libro de historia que sucediera en la ciudad lejana, los clamores de la guerra no llegaron a mi por mi observación devota de la misma, la guerra vino a nosotros por la noche, entrando por el patio de mi casa justo cuando desprevenidos dormíamos bajo la sombra de seguridad que el cerro nos dio tan equivocadamente. Y lo arrasaron todo. Se llevaron a las mujeres, a las cosechas, a los animales, a la vida, nos llevaron para siempre de la casa, de el cerro, de la ciudad lejana, y nos cortaron el pelo y nos pusieron harapos uniformes de muerte y rayas como a los presos, y nos encerraron de el otro lado de la seguridad que alguna vez nos dio la serranía, y pusieron guardias y perros en cada salida, siempre mirando para adentro, sitiados por el odio y por la muerte.
La lluvia fue lo único que dejaban entrar, y para mí, el único placer que nunca pudieron negarme, cerrar los ojos y sentirme de nuevo ahí, mirando la ciudad lejana y escuchando la guerra invisible detrás del cerro, esperando que algún acto trascendente llegará a nosotros, y ahora justo había venido por nosotros, y no dejó nada, se lo llevó todo! todo! las manos de mi madre, la risa de mis hermanas! el cielo azul! el cielo azul y las estrellas!!! mis libros de historia con sus estampas, y en cambio nos dejo este otro lado de la lejanía, guardias y perros & el humo que sale de aquellos cuartos a donde los llevan a todos y de donde nunca vuelven.
Los perros me dan mucho miedo, demasiado agresivos creo que nos comerían a todos si se rompieran sus correas, pero me asustan más aun los guardias, por que los ladridos de los perros los entiendo, pero los gritos salvajes de los soldados en un idioma extraño no, y sé que gritan con odio, y golpean luego con las cachas de los rifles, y a veces los disparan por cualquier falta cometida dentro de un código que creo se va inventando a sí mismo a cada segundo.
Luego volvemos a la tierra, cada mañana cocinan muerte, y a nosotros nos toca recoger los despojos, a lo lejos ya no está la ciudad, a lo lejos brilla un halo de muerte y golpes en las paredes de aquellos cuartos a donde van todos y nunca vuelven, guardias y perros, y ladran los guardias y gritan los perros, todas las noches desde hace dos meses, y cada mañana hay que enterrar a los muertos que salen de esas calderas que llenan de humo el cielo; el brazo de la guerra que nos quitó el cielo azul y que solo se disipa con la lluvia.
Enterrar a los amigos, a los vecinos, la señora, la farmacéutica, el tendero, a mi padre, cocinaron toda la noche y los cuerpos humeantes y hediondos e cianuro hielan la sangre más allá de el frio de esta mañana en que finalmente nos ponen a cavar más hoyos sin cadáveres, y tras nosotros guardias y perros que crecieron de las esporas de el odio, que vinieron de atrás del cerro, nos ponen de frente a la fosa construida, de pie y viendo por encima de la barda de esta cárcel, a la orilla, viendo la ciudad lejana por vez primera en meses, de puntillas, más alto para ver finalmente a las tropas que vienen a liberarnos trascendentes, vienen subiendo la montaña y los guardias nos golpean, nos empujan y ladran y gritan y disparan mientras nos devuelven a la lejanía, con el cielo azul, con mis hermanas, con las manos de mi madre, y la ciudad lejana, esta vez, al otro lado del silencio.

9 comentarios:

Marco Cañizales dijo...

Aplaudo de pie.

Me llevaste ahí, sufrí, lo viví, me transportaste y casi me sentí caer al foso al final.

Poco que decir pero me dejas con una gran sensación de haber leído algo magistral.

Lo mejor que te he leído en muchísimo tiempo.

RECOMENZAR dijo...

Me gustan tus escritos........ los siento.Una flor para vos....... jazmín ...........en la pueta de tu casa

andrés dijo...

Es como una pesadilla, un evento que vemos en los libros y la television y el balnco y engro hace que todo se vea mas duro sin embargo nos falta respirar ese aire hediondo a muerte y ver las moscas sobrevolar nuestras cabezas, nos falta el vomito y la nausea para realmente entender el infierno que desata el odio de la guerra....

Es como una pesadilla.

Escelente men, excelente.

©hannibal däler dijo...

Me sorprendió su visita, no la esperaba. Hasta lo dudé. Quizá el alcohol me hace ver cosas donde no hay.

¿Has estado en una guerra, Amorexia?

Gracias por pasar. Brindo en una copa.

Saludos
hannibal

Luissiana Naranjo dijo...

El título además de poético resume todo. Desgarrador relato...
abrazos poéticos de siempre

Wílliam Venegas dijo...

El otro lado de la lejanía es este, aquí, donde escribes de manera cada vez más seductora y te ofreces desde tus mundos.

Amorexia:vengo a decirle que en el cine Magaly, de manera muy sorpresiva para mí, se está exhibiendo un documental sobre Estados Unidos y sus bombas en Hiroshima y Nagasaki, sus sobrevivientes, sobre los mutiladores "rocíos naranja" en Vietnam, etc. ¡Y la película es costarricense!, guion, dirección y fotografía de una costarricense: Érika Bagnarello.
He ido dos veces al cine, pero va muy poca gente. Puse algo en mi blog por si quieres ver y comentar y ojalá esto sirva para que más gente vaya a ver este impredecible documental tico tan lleno de fervor por la paz mundial y contra la carrera nuclear en la guerra.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Al otro lado del silecio, hay tantísimas injusticias...

Saludos y un abrazo.

MAR dijo...

ESTA PENA ETERNA NO SE SUPERA CON MI MUERTE...ES UNA PENA INFINITA.
MI CORAZON LATE DE LUTO INFINITO POR TANTA GENTE QUE SUFRIO POR ESE MALDITO HITLER.
mar

Luminicus dijo...

Me traslade a ese espacio sin tiempo, a ese dolor y esa sensacion de no entender que dicen o en que idioma hablan.
Me encontre escuchando lejanamente a los perros y los soldados.
Y lloré.


Un abrazo