lunes, noviembre 02, 2009

Los sueños no se llevan con el tráfico


Quizás no fue el dolor de cabeza de la resaca de el día anterior, ni el infierno en el cielo de su boca, quizás tal vez solo lo hizo para descansar el cuello echándolo hacía atrás, aprovechar el sol y la brisa de esa mañana en la plaza, parado allí en medio de las palomas y los niños que corrían, con la cara hacía el cielo; los ojos cerrados; solo por que necesitaba levantar la mirada del teléfono 3G, de la laptop, y principalmente del suelo, quizás nada mas necesitaba respirar otro aire, mirar hacía arriba.
No pensaba en nada; ni en la chica que sentada en el parque con los pies cruzados y leyendo un libro, le recordó a Susana; aquella prodigiosa loca que le enamoro en pocos días con su bohemia y amor profundo por el teatro de la plaza; razón misma por la que no estaban juntos; por que los sueños no se llevan bien con el tráfico.

Diego, uno de los vendedores que fotografía niños mientras estos juegan con las palomas; siempre atento de las personas que llegaban a la plaza para ofrecerles sus servicios, fue el primero en notar a José, parado allí, inmóvil, recibiendo el sol en la cara, mirando el cielo, sin poder evitar seguir con su mirada el punto en el que a José se le perdía la suya, dejo un momento el trajín de la plaza, se perdió bajo la misma sensación que le invadía y en ese instante, alcanzado por la nada, por ese descanso dominical, quedo tan solo que no importaba.

-Cuanto por las semillas y la foto?-le pregunto Patricia; mientras su hijo le jalaba de la enagua; Diego apenas respondió; -mil por la instantánea- y absorto, le obligo a ponerle atención, y al percatarse de sus ojos y su miraba perdida hacia arriba, tomo de la mano con fuerza a su niño y tras los diez años de ausencia que le cayeron encima; volcó su mirada siguiendo paso a paso la estela de los recuerdos de el fotógrafo que se perdían hacia arriba, y recordó a su padre el día que le dijo que tenía cáncer, había escogido la cima de ese volcán donde las televisoras tienen sus repetidoras para decírselo, y tenía la misma mirada que ahora su ausente interlocutor poseía, y quedo perdida en sus recuerdos mirando hacia el mismo lugar, sin razón aparente, poseída por la soledad de ese instante.

Y como cualquier efecto domino, pronto aparecieron los curiosos, y la gente empezó a amontonarse, poco a poco el ánimo de la plaza fue bajando, y el zumbido bullicioso se volvió, murmullo, y entre la multitud aparecieron los especuladores, y distintas teorías de lo que sucedía; no falto quien hablara de ovnis, los que vieron a alguna virgen en una nube o quienes juraban que el sol danzaba de forma extraña; los menos supersticiosos hablaron de un satélite, otros de un suicida en la azotea de el edificio gubernamental, e incluso llegaron algunos noticieros, y cuando buscaron a José para preguntarle lo que miraba, ya nadie lo reconoció más, y la multitud, y hasta la chica que minutos antes leía, habíase abandonado; incluso ella la lectura; para buscar esa señal en el cielo que explicara por que el mundo parecía haberse detenido en ese instante y todos estaban de pronto tan solos.

El tráfico se detuvo por las razones antes expuestas; las gentes de los carros y la de los comercios había salido a mirar al cielo ante la abrumadora impresión de la plaza en silencio y expectante, una extraña tristeza invadió a todos a la hora en que el sol se oculto tras una nube y la oscuridad enfrió el aire anunciando próxima la lluvia, y la gente se quedo allí parada, cada quién perdido en sus pensamientos, en sus recuerdos, en la nada, quizás muchos al igual que José solo necesitaban levantar la mirada, respirar un poco, estirar el cuello de avestruz enterrado en el suelo.
"A fin de cuentas los pies los tengo sobre la tierra", pensó el primero en volver a la realidad cuando una gota de agua golpeo su hombro, camino siempre mirando hacia arriba mientras se alejaba, no se percató de la cantidad de personas que subían el bulevar hacía la plaza, todos buscando una respuesta; 100 metros mas allá volvió a mirar como para cerciorarse de no haber omitido nada, pero solo vio como el cielo totalmente oscuro empezaba a dispersar a todos al garuar sobre sus frentes como anunció innegable de que el aguacero se asomaba y se dejaba caer sobre la plaza y la ciudad.

La gente empezó a correr en busca de refugio, en las tiendas, las paradas de buses, los restaurantes y las sodas, cuando el agua también espantó a las palomas que volaron hacía las cornisas del teatro a refugiarse, la plaza quedo de nuevo sola, y el agua limpiando cualquier desidia que en ella quedara, y disimulando las lágrimas de quienes se sintieron solos ante tanta soledad.

Una paloma cae muerta con la lluvia, y detrás de esta otra, y otra; de pronto llueven aves muertas! será la noche solitaria de este domingo cando pase la lluvia, testigo de los municipales que las recogerán, mientras una muchacha con una bolsa con residuos de maíz envenenado ríe y llora bajo la lluvia su soledad, satisfecha de librar al teatro, que ama tanto como a José, de las palomas cuyas cuitas tanto mal le hacen al corroerlo; ve caer palomas muertas y amoratadas como si fueran parte del aguacero que ha desbandado a la gente de la plaza justo antes de que cayera de las cornisas de el teatro la primer ave muerta; habría sido ese acto extraordinario el que esperaban y los sacaría de el letargo.

José indiferente busca un trago en un bar para aliviar la resaca de ayer, pierde sus ojos; quizás descansándolos de mirar hacía arriba; observando el final de la barra, y cruza la mirada con la chica que se sienta con las piernas cruzadas y lee, y entonces; de nuevo; recuerda a Susana.

19 comentarios:

Angus dijo...

Por momentos me he introducido en un lugar mágico e inquietante. Tus palabras me han llevado hasta él. No se puede escribir mejor ni tener más capacidad para el relato. Tu historia, sencillamente, me ha fascinado.

LIFE dijo...

impresionante la forma en que llevás el relato...una se sumerge en la escena...y también mira al cielo... a veces con los pies en la tierra...ese realismo de que si uno mira todos mirana ver que pasa...se masifican e intentan ver lo que quieren ver aunque no haya nada...y aunque su nada sea su todo...y Susana... y su maíz envenenado...y la lluvia y las palomas muertas. Amorexia...son las dos de la tarde de un Buenos Aires que gris con un cielo que manda agua que tal vez en nuestra ilusión lave un poco la ciudad y...hay tanto para lavar...y llueve desdehace tres días. Te lei sentada en esa plaza mirando la lluvia... y dejando que me moje...Disfruté mucho tu maravilloso relato.Gracias por publicar.Gracias por comunicar.Para variar en un honor leerte.

conejo gris dijo...

que increible..
como has vuelto amorexia, esas palomas.. esa gente perdida..
y todo por una mirada..

excelente texto!

Marco Cañizales dijo...

Finalmente volvió el Amorexia que tanto anhelabamos.

Mae, así es, esa melancolía es lo mejor que tienen tus textos.

Jugas con las imagenes, construis un efecto domino o bola de nieve increible que luego nos devuelve a una soledad melancólica.

Bien hecho!

Oceanida dijo...

La vuelta a tus fascinantes letras es lo mejor del dia Amorexia. Buenisimas.

Un abrazo.

MarySandel dijo...

Me alegra mucho que hayas regresado, no se si de la hora mas oscuro o del aguacero mas cerrado, pero me alegra encontrar de nuevo las fabulosas letras que siempre publicas!

Muy Bueno
Un saludo para tu soledad de mi soledad!

Mary

CaRo dijo...

Es al cuete, pocas cosas me gustan tanto, como seguir pasando por acá.

Un abrazo desde lejos!

Ariam Ram dijo...

Quizás me pasó como a todos porque no pude dejar de leer esperando nada, el descanso, la huída. Salirse del cuerpo y la memoria con un gesto simple que nos ausente del mundo el tiempo suficiente como para que el sol nos recargue la agotada batería. Clavar la mirada al infinito y disfrutar del blanco ausente de pensamientos o de sus bailes locos sin esperar respuestas.

Me quedé fascinada.

He pensado a veces, provocada por historias que así lo cuentan qué pasaría si no pasara... Qué hubiera ocurrido en vez de, de no haber sido. Dónde estaríamos ahora si aquél día hubiéramos decidido no mirar más la correspondencia, qué si ahora bajara a la placita de Santa. Isabel, me sentara en un banco y decidiera descansar mis ojos cerrados al sol y disfrutarlo sin pensar en nada y escuchando el Silencio de Bach en mi mente... Una y otra vez... Qué si la lluvia de pronto, tan deseada... Qué si palomas muertas...

La quietud ante los acontecimientos, su observación transportados a un estado de ausencia que se convierte en presencia infinita... En ese instante, imagino, sería melodía, lluvia, sol, brisa, paloma, vida, muerte... Y paz.

Precioso... Realmente bello.

Al menos eso me evocó.

Un abrazo inmenso Amorexia, durante unos segundos pude sentirlo todo... Las campanas suenan.

:)

Luminicus dijo...

Volviste renovado amigo.
Maravilloso texto y como siempre en tus letras encuentro el pasaje para sentir tus escritos.

andrés dijo...

De vuelta la sal en la herida... que bien Amorex!!!

©Claudia Isabel dijo...

Excelente historia, de las mejores que te he leído...
Creo que el que observa puede encontrarse con cosas insospechadas en cada rincón.
Un abrazo compañero

La Morada dijo...

Un relato tan diferente a los demás, pero siempre exquisito.
Muy limpio.

Maga dijo...

Todos estamos de pronto tan solos... Me gustó mucho, me encantan estas letras. Saludos y me alegro de tu regreso!

Lolita y El Profesor dijo...

Bella entrada.
Más que a texto, me sonaba a poesía llena de música...

Un beso grande

Lolita

El Analista dijo...

Señor, es un verdadero privilegio poder leerlo, creo que lo he dicho miles de veces,como sea, tu pluma es envidiable.
Si bien ando un poco alejado de los Blog, siempre que puedo paso por los lugares que alimentan mi intelecto y mi alma.

Abriles dijo...

que bueno es volver a leerte Amorexia. Saber que nuevamente tengo donde venir a lamer mis heridas

RECOMENZAR dijo...

Me encantó tu texto simple y bueno
saludos con abrazos van

Ka-tica dijo...

Introspectivo, hermoso, real, cruel... me encantó!!!!

Anónimo dijo...

Si confiesas con tu boca que Jesucristo es tu Señor y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salv@.

Romanos 10.